jueves, junio 22, 2006

DESPERTANDO

Ayer desperté aún sintiéndote en mi piel. Tu olor aún estaba en mi cuello y la sensación de tus manos rozándome la piel aún estaba latente en mí.

El recuerdo de tus gemidos me impacientaban y me producían placer. Aún no amanecía y yo ya me sentía nuevamente inundada por la excitación.

Lentamente mis manos comenzaron a bajar por mi cuerpo, encontraron mis pezones que se erguían bajo el pijama como dos montes, los toque y sentí placer. Jugué un rato con ellos, hasta que me sentía más y más caliente.

Seguí bajando mis manos por debajo del pijama hasta encontrarme entre mis piernas, las abrí casi instintivamente, descubrí que ya estaba húmeda, si hubieses estado ahí podrías haberme penetrado en el acto y me habrías arrancado gritos de placer.

Pero no estabas, sólo el recuerdo de la noche anterior en la van estaban junto a mí.

Mis manos tocaron mi clítoris en un vaivén acompasado, primero lento, luego más rápido… mis manos fueron osadas y siguieron más allá, hasta introducirse por mi vagina, estaba caliente y húmeda.

Mis dedos se hundían en mí, dándome placer, cada vez más fuerte, imaginaba tu pene en mi boca, lamiendo, chupando, sintiendo tu olor…

Poco a poco fui llegando más y más arriba, hasta llegar a un orgasmo largo, fuerte, que me dejó exhausta y con más ganas de ti.

domingo, mayo 07, 2006

LA VAN...

Me encanta escuchar tus gritos y gemidos cuando acabas en mi boca... aún ahora los recuerdo y me excitan.

Jueves por la noche, nada nuevo, hasta que suena mi celular. Eres tu aburrido en un coctel. "Ven a mi casa" esa idea me rondó desde el primer momento pero no te la dije sino hasta la segunda llamada. Cuando, practicamente, ya estabas en la mitad del camino.

"¿Auto nuevo eh?" Era una van, no me preguntes ni la marca ni el color, porque lo único que me fijé es que no era el station wagon que te había visto la última ves "Sí, tiene los vidrios traseros completamente polarizados"

Te estacionaste frente a mi casa y, después de un cigarro y algo de conversación, las cosas se comenzaron a calentar... tu mano comenzó a recorrer mis senos y mi mano comenzó a recorrer tu entrepierna, hasta que pasamos a los asientos de atrás para estar más cómodos y con menos posibilidades que los vecinos nos vieran.

Mis manos buscaron tu cinturón para deshacerme de él, para seguir ávidamente abriendo tu pantalón para descubrirte completamente erecto, esperando por mis manos y mi boca... mi lengua recogió una gotita que aparecía ya por la punta de tu pene, con ganas comencé a a chupártelo una y otra vez, lo echaba de menos, no me había dado cuenta de cuánto lo echaba de menos...


Tus manos me hicieron hacia atrás para poder alcanzar mis senos con tu boca, mordiste mis pezones una y otra vez, haciendo que me mojara más y más con cada mordida, luego tus manos se deshicieron de mis pantalones y tus dedos comenzaron a buscar mi clitoris, jugabas con él como un niño juega con un juguete olvidado por mucho y que, al recuperarlo, es el tesoro más grande. Tus dedos buscaron mi humedad, entraron una y otra vez haciendo que de mi garganta salieran gemidos de placer, mi mano tomó tu mano para que no dejaras de tocarma así como lo estabas haciendo, hasta que una explosión de sensaciones me llenó y me dejó algo exhausta. Pero no lo suficiente como para continuar.

Ya habías hecho que yo viera el cielo, ahora era mi turno.

Abrí mi boca y te introduje en mí hasta el fondo, tenía todo tu pene en mi boca mientras con mi mano tocaba tus entrepiernas, todo lo que podía tocar. Mi lengua hacía presión en el glande mientras mi mano te recorría de arriba abajo con ganas, con fuerza, pero a la vez con cuidado. Tus manos empujaron mi cabeza hacia abajo para sentir cómo entrabas por completo en mi boca, una y otra vez, hasta que de pronto te sentí gemir y sentí dentro de mi boca tu explosión... unos gritos prosiguieron a tus gemidos mientras seguía deleitándome con tu pene que, a pesar de haber acabado, aún se mantenía erecto para jugar un poquito más con mi boca.

Hacía mucho tiempo que no hacía una locura como esa... y menos en la puerta de mi casa...

domingo, febrero 19, 2006

EL BALCON

Era media noche, las luces de la ciudad se veían espléndidas desde el balcón. Acabábamos de cenar y yo presentía a cada segundo lo que vendría...

Una copa de vino en mi mano me hacía olvidar donde estaba y lo que me rodeaba, hasta la música me parecía sonar distante, me sentía completamente abstraída del mundo, sólo me cautivaban las luces de los autos, allá abajo, tan lejos, tan inalcanzables...

De pronto tu respiración en mi cuello me hizo poner los pies en la tierra, suavemente corriste mi pelo a un lado y comenzaste a besar la base de mi cuello, tu lengua subía lentamente hasta el lóbulo de mi oreja mientras susurrabas palabras obscenas que hacían, poco a poco, que me sintiera más y más excitada.

Me quitaste la copa que aún permanecía en mi mano y la dejaste en un lugar seguro, pegaste tu cuerpo al mío y sentí tu cuerpo caliente, fuerte, demandando por mi cuerpo. Tus manos recorrieron mi cuerpo buscando mis senos mientras yo, en forma casi imperceptible, arqueaba mi columna para poder sentirte más y más...

Me obligaste a darme la vuelta para verme a los ojos, entonces comenzaste a desabrochar mi blusa, lentamente la bajaste por mis hombros y dejaste al descubierto mis senos, sin importarte que, a lo mejor, alguien de un edificio cercano pudiera vernos. Tu boca se acercó a mis pezones erguidos los que esperaban ansiosos tus caricias, sin siquiera darme cuenta, abrí un poco mis piernas, aprovechaste mi movimiento para poner una de tus manos entre medio de ellas, gemiste al darte cuenta que estaba húmeda. Tu boca no se cansaba de mis pezones, casi con desesperación sujetaba tu cabeza con mis manos: no quería que te despegaras de mí.

Te arrodillaste ante mí y desabrochaste mi pantalón, descubriste mi ropa interior y también la quitaste, tu boca comenzó a buscar mi sexo que estaba sediento por ti, me tomaste de la cintura y me sentaste en el balcón con las piernas abiertas, así, en esa posición, al borde del precipicio, comenzaste a explorarme con tu boca...

Tu lengua recorría mis labios de ida y de vuelta, una y otra vez... de pronto, mordisqueaste suavemente mi clítoris lo que me produjo una serie de escalofríos y mis gemidos comenzaron a llenar el ambiente sin que pudiera parar... tus dedos comenzaron a explorar mi interior, buscándome, adentro y afuera, unas veces despacio, otras más fuerte... de pronto comenzaste a lamer tus dedos cada vez que salían: sólo el verte hacía que pidiera más y más...

Te levantaste y te quitaste rápidamente la ropa, tu pene estaba listo para mí, te acercaste y lo comenzaste a meter: no sé si fue por lo grueso que lo tenías, pero me produjo un orgasmo apenas lo sentí entrar, cuando te diste cuenta sonreíste y seguiste una y otra vez... mis brazos te rodeaban y mis piernas también, dejando así que pudieras embestirme como quisieras...

Hiciste una pausa en la que yo, cansada ya en esa posición, me bajé del balcón y aproveché la oportunidad para jugar un poco con mi boca en tu pene... me gustaba tu punta y sentir gotitas que de vez en cuando dejabas escapar: eran muy dulces... pasaba mi lengua de arriba abajo, una y otra vez, tratando de llegar lo más abajo posible... lamiendo suavemente tus bolitas y tu ano... abrí mi boca todo lo que pude y me lo metí en la boca para chupar mejor, al llegar a la punta, succionaba un poco para sacar gotitas de tu semen... mientras tanto, tus quejidos hacían que me dieran ganas de más y más... a veces, un poco cansada, me entretenía con mi lengua recorriendo tus entrepiernas, luego subía hasta tu ombligo, para luego volver a bajar y volver abrir mi boca para seguir chupando hasta que no pudiste más y acabaste dentro de mi boca...

Una pausa, un poco de vino, algunas caricias mientras mirábamos la ciudad...

Aún me sentía excitada, quería que tu lo volvieras a estar, quería sentirte dentro una vez más, no quería acabar con nuestro juego en el balcón. Entonces mis manos comenzaron a buscar tu pene mientras mi boca besaba la tuya y mi lengua juguetona se introducía en tu boca buscando la tuya, mientras tus manos comenzaban a buscar nuevamente mi clítoris para jugar con él... me sentía tan mojada, tenía tantas ganas que me embistieras otra vez... te miré y vi el brillo del deseo en tus ojos, entonces, en un movimiento rápido, me apoyé en el balcón hacía adelante, con las piernas abiertas, parando mi cola, dejando que tus manos me recorrieran como quisieras, dejando que tu decidieras por donde meter tu pene...

Elegiste mi vagina... lo metías y sacabas con tal fuerza que sentía un sin fin de sensaciones muy cerca de mi estómago, tus gemidos cada vez que lo metías me hacían delirar de placer, de pronto, no fue suficiente meter tu pene en mi vagina, sino que también comenzaste a meter tus dedos en mi ano, primero fue un dedo, suavemente... luego fueron dos... mientras tu pene seguía entrando y saliendo... mis manos alcanzaron mi clítoris y comencé a masturbarme mientras tu, al darte cuenta, sacaste tu pene de mi vagina y suavemente comenzaste a introducirlo en mi ano...

Dolor, placer... una y otra vez...

Ninguno de los dos podía detenerse, tus manos ayudaban a las mías a jugar con mi clítoris, mientras seguías entrando y saliendo de mi ano, suavemente, luego más fuerte... apenas un poco adentro... luego todo... hasta que de pronto sentí tu explosión que partió dentro de mí y terminó en mi espalda... mientras esparcías tu semen por mi culo, mis manos lograron el orgasmo que tanto esperabas...

La noche no había acabado, pero nuestra aventura en el balcón sí...

domingo, febrero 05, 2006

ALBINO

¿Has adivinado alguna vez con sólo un roce que ese hombre te dará la satisfacción más grande de tu vida?

Pues yo lo sentí la primera vez que viajé a Brasil.

Albino Souza se llamaba y era mi guía en esa ciudad, no había pasado más de una hora en ese país cuando tomó de mi brazo, entonces sentí algo que jamás había sentido y que, dicho sea de paso, no he vuelto a sentir: sentí escalofríos al tacto con su piel... le iba a decir a mi amiga que me acompañaba, pero algo me detuvo, a lo mejor fue el no pasar por loca...

En fin, primer día y el coqueteo era evidente, pero era un coqueteo cargado de insinuaciones eróticas... él me buscaba con la mirada, cierro los ojos y puedo sentir sus ojos negros en los míos...

El tercer día fue cuando comenzó a concretarse todo, habíamos viajado varios kilómetros en el bus y ya veníamos de vuelta al hotel, cuando te acercaste a decirme algo, la verdad es que te acercaste demasiado y me diste un beso... ¡No lo podía creer! Estábamos en el bus, lleno de turistas a los que tenías que atender... mi amiga sentada al lado mío casi se murió y sólo atinó a mirar por la ventana... Estaba claro: esa noche nos escaparíamos cuando terminara tu turno.

Te desocupaste sumamente tarde, después de la una de la madrugada, entonces hicimos todo un ardid para salir del Hotel sin que nos vieran juntos... salí primero y te esperé a unas cuadras del Hotel mientras tu pasaste a buscar tu auto.

Condujiste por calles oscuras, pasaste a comprar un par de tragos a un puesto en plena calle, algo bastante novedoso tomando en cuenta que por estos lados está prohibido el consumo de alcohol en la vía pública, y me llevaste a Playa Brava: una playa escogida por los surfistas por su oleaje...

Esa noche el ambiente estaba cargado... había comenzado a llover como a las 11 de la noche y cerca de las 12 había caído una tormenta eléctrica que hacía el ambiente cálido y húmedo, justo como debe ser en un país tropical. La luna sobresalía por detrás de las nubes, de un color rojo anaranjado, como yo jamás había visto ni he vuelto a ver.

Nos refugiamos de la lluvia que aún caía en un puesto de bebidas que había en la playa, ahí comenzamos a beber mientras nos besábamos abiertamente, así como queríamos y no habíamos podido hacer... tus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, no querías dejar ni un centímetro sin tocar, con desesperación recorrías mis senos con una mano, mientras con la otra buscabas frenéticamente que yo abriera las piernas para tocarme con total libertad.

Igualmente mis manos querían descubrir tu piel bajo tu ropa, te saqué la camiseta que llevabas, tu olor era muy especial al igual que tu piel: tenías un gusto más bien dulce, comparado con lo que imaginaba. Mis manos bajaron lentamente hasta encontrarme con tu cinturón, con ambas manos lo desabroché para luego bajar el cierre de tu pantalón, ahí debajo estaba tu pene... grande, muy grande, uno de los más grandes que he visto en mi vida... te jactaste de su tamaño e insististe en decirme que medía 23 centímetros, a lo que callé, pues sin lugar a duda, ese debía ser el tamaño.

Me senté en un banco para estar más cómoda, acercaste tu pene a mi boca y pude lamerlo a mi entero antojo, imposible tenerlo todo dentro de mi boca, pero era un gusto pasar mi lengua por él, por la puntita donde de vez en cuando salía una gotita de tu semen, que sabía igual de dulce que tu piel. No sé cuánto rato estuve así, lamiendo, succionando, chupando, escuchando tus gemidos y tus palabras en portugués que no entendía, pero que sabía que eran de agrado. La lluvia había cesado cuando me obligaste a ponerme de pie.

Entonces levantaste mi blusa y corriste mi sostén para comenzar a morder suavemente mis pezones que ya estaban bastante duros, de pronto mordías, luego chupabas, succionabas y volvías a morder... tus manos comenzaron a bajar por mi espalda, tus uñas pasaban ligeramente por ella produciéndome escalofríos, hasta que comenzaste a bajar el cierre de mi pantalón, lo bajaste con maestría y tus manos comenzaron a jugar con mi clítoris, estaba muy mojada lo que te gustó mucho, pasabas tus dedos por mi vagina y luego los llevabas a tu boca, para luego repetir la operación. De pronto comenzaste suavemente a meter tu dedo en mi ano... tu cara de satisfacción al sentir que te costaba meter tu dedo, decía muchas cosas, me preguntaste al oído si lo había hecho así alguna vez, te dije que no, entonces me dijiste que esa iba a ser mi primera vez...

Me diste la vuelta para que me apoyara, inclinada hacia delante, en la baranda del puesto de bebidas y comenzaste a meter tu pene suavemente en mi vagina, la sensación de sentirte adentro por fin era gloriosa, ibas lento, luego más rápido... con tu mano derecha seguías jugando con mi clítoris y mis gritos de gata en celo comenzaron a hacerse escuchar mientras preguntabas, casi gritando, si me gustaba sentir esos 23 centímetros de pene dentro de mí... tus manos no me dejaban escapar mientras tú, llevado por la lujuria, seguías metiendo tu pene adentro, cada vez más adentro.

De pronto, sin darme cuenta, comenzaste con tu mano izquierda a meter nuevamente tu dedo en mi ano... me estabas cogiendo por todos lados: tu pene en mi vagina, una mano tuya en mi clítoris y la otra en mi ano... la playa estaba desierta lo que me permitía gritar de placer todo lo que quería sin preocuparme de nada...

Los orgasmos comenzaron a sobrevenir uno tras otro y tú los saboreabas con risas y suaves palmadas en mi trasero, hasta que, cansado ya, comenzaste a meter tu pene en mi ano... al principio fue el dolor, pero poco a poco fue dando paso al placer, placer que tu aumentabas con tus manos en mi vagina, ibas adentro con cuidado y afuera con rapidez, hasta que sentí el orgasmo más grande que he sentido en mi vida... mis piernas se estremecieron y grandes contracciones te hicieron saber de todo el placer que sentía en esos momentos.

Pero tu no estabas cansado y no ibas a dar por terminada la batalla de nuestros cuerpos así como así. Volviste a meter tu pene en mi vagina una y otra vez, hasta que, de pronto, me hiciste caminar, así, teniéndote adentro, hasta la orilla del mar... ahí continuaste, me lo metías indistintamente por el ano y por la vagina, una y otra vez, a veces más fuerte, otras más despacio... hasta que ni tu pudiste más y en un grito, acabaste dentro de mí... sentí tu explosión dentro de mí.

Estaba exhausta, la arena estaba mojada por lo que no podía descansar sobre ella, dejé sobre caer lo que me quedaba de ropa y me hundí en el mar, el agua estaba tibia, de pronto sentí que me abrazabas por atrás, besabas mi cuello y mi hombro, tus manos buscaban por más... ahí, dentro del agua, sintiéndome ingrávida, levanté mis piernas y te abracé con ellas, para que pudieras continuar metiendo tu pene dentro de mí en al compás de las olas del mar...

Estaba ya casi amaneciendo cuando decidiste que era hora de regresar, pero lo hiciste prometiéndome repetir nuestro encuentro cada noche que durara mi estadía en tu ciudad... y así fue.

viernes, enero 27, 2006

JOSE LUIS

La tarde era calurosa, estaba ansiosa por conocerte en persona, no sabía exactamente cómo ibas a ser, mal que mal, apenas te había visto en una foto por Internet.

No sé en qué momento accedí a juntarme contigo, ni tampoco estaba muy segura por qué. Pero en ese momento decidí arriesgarme y ceder ante tu invitación.

Llegaste sobre una camioneta, demasiado grande para mí, pero exacta para ti... Te acompañé a ver algunos muebles para tu oficina y luego nos dirigimos hacia allá. El lugar estaba lleno de motos, con ese olor tan particular que tienen los salones de venta de autos: mezcla a goma de neumáticos nuevos y grasa.

Comenzaste a hablarme y te subiste a la moto que estaba más próxima a un escritorio, la hiciste andar, yo me acerqué, tu brazo entonces rodeó mi cuello y me atrajiste hacia ti... pude oler tú la piel de tu brazo que me sostenía pegada a ti y comenzaste hablarme suavemente al oído, palabras de lujuria que comenzaron a excitarme.

Tu mano derecha comenzó hábilmente a recorrer mis senos, mientras mordisqueabas el lóbulo de mi oreja. Me soltaste del cautiverio en el que me tenías y me di media vuelta hacia ti, subiste mi polera y corriste mi sostén para poder observar mis senos blancos, apretaste suavemente los pezones que se ponían cada vez más duros mientras sentía cómo comenzaba a mojarme... acercaste tu boca y sentí cómo tus dientes los mordían, uno primero y el otro después, en una alternancia abrumadora.

Mis manos comenzaron la búsqueda frenética del cierre de tu pantalón, lo abrí casi con desesperación pues sentía la necesidad de tener tu pene en mis manos y llevarlo a mi boca... lo encontré bajo un bóxer azul, grande, muy erecto, todo para mí. Dejaste que te lo chupara por un rato, hasta que decidiste que era hora de cambiar de posición y buscar una más cómodos.

Quitaste las cosas del escritorio y te fijaste que estuviesen bien cerradas todas las entradas y las cortinas, entonces bajaste mi pantalón y mi ropa interior, tus dedos comenzaron a jugar con mi clítoris mientras me besabas una y otra vez... me tenías casi sin aliento... y yo lo único que deseaba en esos momentos era sentirte dentro, tu pene me tenía vuelta loca...

Me recostaste sobre el escritorio y comenzaste a penetrarme... estaba grande, muy rico... como estabas de pie podías empujarlo bien, con todas tus ganas hasta llegar al fondo y tus manos no dejaban de jugar con mis pezones... de pronto sentí la necesidad de gritar, una mano se posó en mi boca y mis gritos ahogados llenaron el lugar.

Entonces hicimos una pausa, un pequeño cambio... te sentaste en el escritorio mientras yo acerqué una silla, me senté y pude devorarte a mis anchas... pasaba mi lengua por la puntita, para luego seguir bajando hasta tus bolitas que metía enteras en mi boca... una y otra vez... hasta que mis labios se adormecieron de tanto chupárlo.

Te paraste y me obligaste a lo mismo, me empujaste boca abajo en el escritorio y comenzaste a penetrarme otra vez, primero lentamente... luego y a medida que tu excitación aumentaba, más y más rápido... tomaste mi pelo y lo jalaste hacía atrás, como si fuera una yegua y me estuvieses domando... te diste cuenta que eso me excitaba en demasía y seguiste penetrándome una y otra vez sin dejarme agachar la cabeza... hasta que mi orgasmo fue inevitable... no mucho después vino el tuyo al que coronaste con besos y abrazos.

No me dejaste ir así como así, antes me dejaste una lección: “Las personas como nosotros – me dijiste - no por ser calientes no sentimos, siempre es bueno un abrazo, un beso, un gesto de cariño”

lunes, enero 16, 2006

JOAO AVENTURERO

Domingo en la tarde, después de un largo viaje y de mucho tiempo esperando llegaste hasta mí... no sé si habrán sido los inumerables viajes por América o la cantidad de mujeres con las que has estado, pero tienes un sabor y un olor especial... distinto... que no había probado.

No te conocía en persona, a lo más alguna vez te había visto en foto y en cámara web... pero no es lo mismo que en persona, sólo en persona uno sabe si siente la química suficiente como para irse a la cama o no.

La verdad es que tampoco lo pensé mucho, había ido a tu encuentro directamente sabiendo que el fin de nuestro encuentro iba a ser la cama, algo que querías desde hacía mucho, te aguantaste durante tu recorrido por Brasil, Perú, Bolivia... hasta que en Argentina decidiste cruzar la frontera y llegar hasta mí... con todas las ansias y ganas de un macho postergado.

Frente a frente no alcancé a respirar siquiera cuando ya me tenías sobre la cama, boca arriba, mientras tus manos recorrían mi cuerpo, en forma hábil ibas sacando mi ropa, mientras casi desesperado, abrías mi pantalón... tu boca estaba sedienta del jugo de mi gruta, la buscaste, urgiste su interior hasta que comenzó a salir, toda para ti.

Tus manos hábiles buscaban mis pezones, los apretabas y amasabas, urgiendolos a ergirse para ti, para luego chuparlos una y otra vez en forma alternada...

En un arrebato de excitación, no dí más, necesitaba tocarte, necesitaba tomar el control: te voltee, te acaricié, pasé mi lengua por tu torso lentamente, luego fui bajando haciendo circulos, me detuve en tu ombligo y continué más abajo... lentamente llegé a tu pene que me esperaba erguido... mi lengua rozó suavemente la punta, sacandote un gemido gutural lo que me indicó que te gustaba, lo metí entero en mi boca sentí tu sabor, repetidas veces, afuera y adentro de mi boca, luego mi lengua buscó tus testículos y aún más abajo, recorriendo toda tu intimidad.

Ya no podía más de excitación, dejé descansar mi boca y mi lengua para dejarme caer suavemente sobre ti, me penetraste con fuerza, con ganas, me dejabas cabalgar a mi antojo sobre ti... de vez en cuando dejaba adentro solo la punta y miraba tus ojos como pedían por más, tanto más adentro, tanto más afuera...

De pronto sentí cómo acabaste y me sorprendí al darme cuenta que tu excitación no bajaba... entonces me alzaste por el aire para continuar una vez más saboreando mi gruta hasta que acabé en medio de contracciones y escalofríos que recorrieron mi piel.


Cansada ya, me dí cuenta que no pensabas bajar la guardia, te bajaste de la cama y me pusiste de espalda, sólo apoyada de caderas en adelante con las piernas fuera de la cama, te inclinaste hacia adelante para poder penetrarme mejor, en forma salvaje esta vez, afuera y adentro, una y otra vez, sin parar... no sé cuántos minutos pasaron hasta que conseguiste otro orgasmo.

El tiempo en ese motel se nos acabó, pero no así nuestras ganas de continuar...

viernes, diciembre 30, 2005

LA SIGUIENTE VEZ

Pasó un año completo, un año en que tuvimos que desmentir rumores sobre nuestra fuga y donde muy esporádicamente nos vimos, pero sólo por razones laborales.

Pero llegó al fin nuevamente esa noche de fiesta. Todos los ojos puestos sobre nosotros para ver que ocurría en verdad. Tratamos de ser cautos, mucho más cautos que la vez anterior, así fue que en esta ocasión yo salí primero y tu casi media hora después para encontrarnos a un par de cuadras de allí.

Nuevamente nuestra carrera de autos por las calles, animadas por nuestros recuerdos y ganas de tenernos el uno al otro.

El mismo motel, pero esta vez, dos autos fuera.

Comenzaba a llover cuando llegamos, te bajaste del auto con tu abrigo de cuero negro y sombrero vaquero para protegerte de la lluvia, la puerta de la habitación estaba cerrada así que no nos quedó más que comenzar a comernos a besos en la puerta bajo la lluvia.

Me abrazaban fuerte y me hacían perder el aliento, mientras mis manos ya más expertas sobre tu cuerpo, dibujaban figuras sobre tu pantalón. Hasta que al fin fue abierta la puerta y pudimos entrar a tomar un poco de aliento antes de continuar.

Te sentaste en un sillón a descansar, mientras yo examiné la habitación con mayor atención que el año anterior: era de color rojo, la cama se encontraba un nivel más arriba de un pequeño living, grandes espejos cubrían la pared.

Me acerqué a ti y desabroché tu camisa, bajo ella me encontré con tu piel la que tenía un aroma mezcla a tabaco, sudor y por sobre todo a hombre. Te besé y comencé con mis manos a acariciarte, mi boca no quería dejar ni un centímetro de tu piel sin tocar, sin rozar, sin besar... con mi lengua hice círculos que partían en el lóbulo de tu oreja y lentamente se iba acercando a tu ombligo, rozándolo suavemente por el rededor, insinuando que quería llegar más allá, debajo de tu cinturón, donde mis manos ya sentían tu despertar.

Me tomé tiempo para alejarme de ti, me puse de pie y subí al nivel de la cama, sin que te dieras cuenta me quité la ropa y quedé sólo en ropa interior. Te miré y te dije “Esto es lo que hay debajo” haciendo referencia a aquella pregunta que me habías hecho toda la noche.

Subiste a la cama dejando en el camino tu ropa, esta vez no me ibas a dejar dominar, iba a ser yo la dominada a tus deseos... rápidamente me quitaste lo que quedaba cubriéndome y comenzaste a besar mi cuerpo: primero mis senos que se ponían duros al sentir tus manos, tu lengua y tus dientes que de vez en cuando insistían en morderme. Seguiste bajando a un ritmo salvaje, haciendo que mi espalda se arqueara en busca de tu cuerpo, abriste mis piernas y tu lengua comenzó a dibujar miles de círculos alrededor de mi clítoris mientras tus manos acariciaban mis muslos y mi vientre.

Te rogué para que me dejaras tenerte entre mis manos y mi boca, así continuamos largo rato, tu jugando con tu boca en mi sexo y yo podía ahora al fin llevar a mi boca tu miembro que sabía delicioso, cada vez más delicioso... sentía tu boca y tus manos penetrar mi vagina una y otra vez mientras con ansiedad yo chupaba más y más, sintiéndote grande y duro dentro de mi boca, con mis manos acariciaba tus testículos y acariciaba aún más allá.

No sé cuánto rato estuvimos saboreando nuestros cuerpos, hasta que decidiste que ya era hora de penetrarme y hacerme sentir mucho más. Me pusiste boca a bajo obligándome a levantar mis caderas, comenzaste lentamente a dilatarme por atrás... eso era lo que querías, hacerlo otra vez de esa forma, pero en esta ocasión estabas decidido a completar el trabajo anterior. En mi cartera había gel especial para que esta vez fuera más fácil, con tu dedo índice lo esparcías alrededor y hundías tu dedo dentro de mí obligándome a dilatarme, mientras mis quejidos comenzaban hacerse cada vez más audibles. De pronto comenzaste a penetrarme y mis gritos no demoraron mientras se mezclaban con los tuyos cada vez que me embestías, adentro, cada vez más adentro, no dabas tregua y una y otra vez te hundías dentro de mí mientras yo... yo sentía dolor y placer, imposibilitándome a quedarme callada.

El placer y la excitación era tal que no pudiendo soportar más comencé a masturbarme mientras seguías en ese vaivén increíble. De pronto sentí tu explosión dentro de mí, a la que no tarde en acompañar.

Pasaron algunos minutos antes que pudiera incorporarme. Primero fuiste tú al baño, luego lo hice yo con unas inmensas ganas de tomar una ducha... el agua estaba helada, pero eso no fue impedimento para dejarme caer bajo el chorro frío.

Cuando volví me estabas esperando de pie al borde del nivel superior donde estaba la cama, con tus manos me estabas ofreciendo nuevamente tu miembro que ya comenzaba nuevamente a despertar. Lo tomé en mis manos y comencé a darle un suave masaje mientras iba sintiendo tus venas bombear más y más sangre a todo su largo, pequeños gemidos salían de tu boca mientras abría la mía para poder chuparte entero, ahí, ambos de pie, lo introduje una y otra vez en mi boca, jugando con mi lengua en la punta mientras decías lo profesional que yo era para esa práctica.

De pronto me obligaste a subir nuevamente a la cama, con fuerza me tumbaste boca arriba, abriste mis piernas, introdujiste tus dedos salvajemente en mi vagina lo que me hizo gritar pues aún no estaba lo suficientemente preparada, a pesar de esto pusiste una de mis piernas en tu hombro y comenzaste nuevamente a cabalgar sobre mí, fuerte, salvaje, entrando y saliendo, con ritmo, casi como si bailaras sobre mi cuerpo, preguntándome entre gritos si me gustaba así o más fuerte aún, ibas subiendo el ritmo mientras mis manos apretaban tan fuerte como podían las sabanas pues temía rasguñarte y que luego tu mujer se diera cuenta... así en esa locura de movimiento, sudor y gritos me clavaste tan duro, tan fuerte que mis orgasmos no tardaron en llegar junto a los tuyos.

Y así acabamos, uno al lado del otro, me mirabas y me preguntabas “¿qué estoy haciendo yo aquí?” para lo cual la única respuesta posible en ese momento era que estabas viviendo...

jueves, diciembre 29, 2005

LA PRIMERA VEZ

Recuerdo como si fuese ayer nuestra primera vez... ¿tu no? Pues ahora te la refresco:

Fue una de esas fiestas a las que uno va por compromiso más que por cualquier otra cosa, tu estabas recién llegado a la empresa y yo no te conocía mucho, es más, creo que le tenía puesto el ojo a otra persona que pasó al olvido después de esa noche.

Nos sentamos juntos en la mesa, mientras nos rodeaban distintas personas de distintos departamentos. No sé en qué punto, en que instante comenzaste a seducirme, con tus palabras, con tus roces casi imperceptibles de tu pierna contra las mías que se encantaban de sentirte. Sin pensarlo mi mente comenzó a divagar en el limbo de los placeres que podría sentir junto a ti.

Tanto fue el cántaro al agua que, ya entrada la madrugada, decidimos fugarnos de ese lugar para abandonar nuestros cuerpos al placer. La verdad es que salí de ahí un poco desorientada, sin poder creer lo que realmente estaba haciendo, pero dispuesta a pasar la noche contigo.

Me subí a mi auto con unas ganas enormes de hacer realidad todas aquellas cosas que insinuabas a mi oido mientras bailabas, tu me seguías en tu auto de cerca, dejando que yo guiara tu senda.

Dejamos mi auto dentro del condominio. Rápidamente me subí a tu auto y nos fuimos a ese motel barato que se encuentra cerca de mi casa, era tan tarde en la madrugada que no tuvimos problemas en encontrar una habitación, de la cual lo único que puedo recordar es que tenía el techo tan bajo que te pegaste dos veces al levantarte. O tu muy alto o el techo muy bajo...

Comenzaste besándome como un loco, sentía tu lengua jugar dentro de mi boca mientras mordisqueabas suavemente mis labios, era delicioso penetrar mi lengua en tu boca y sentir tu calor mientras mis manos rozaban tu cinturón con ansias de sentirte entre mis manos.

Lentamente mis manos fueron desabrochando tu camisa y fui acariciando tu torso desnudo, besándolo y pasando mi lengua por tu cuello, tus orejas y luego tus pezones, para luego seguir bajando y detenerme a jugar en tu ombligo.

Me separé de ti para quitarme la ropa, sólo dejé en su lugar un coqueto colaless café moro que llevaba puesto esa noche y que, dicho sea de paso, se me perdió y no sé dónde...

Al verme semidesnuda tu excitación llegó a tal punto que pude ver en tu rostro por una milésima de segundo todo lo que me esperaba.

Con tu mano te desabrochaste el cinturón y bajé tu cierre, ansiosa de tenerte en mis manos y mi boca. Te quitaste los pantalones y pude quitarte el bóxer que no me dejaba jugar como quería contigo. Tenías la cabeza tan grande, redonda, gustosa, que no demoré mucho en introducirla en mi boca para comenzarla a chupar con ganas, mi lengua jugaba alrededor de ti mientras mis manos jugaban con tus testículos. Tus gemidos me hacían presumir que te gustaba, entonces yo aplicaba mayor presión e iba jugando mientras me mojaba cada vez más.

Llegué al punto en que no podía más, sentía la necesidad de sentirte dentro de mí, entonces, como una loca, decidí montarme sobre ti... primero lentamente y a medida que mis jugos iban lubricándote, más intensamente hasta tenerte todo dentro de mí... la cabalgata se hizo más y más frenética, sentía como me llenabas toda dentro de mí con tu miembro, sentía cada vez que subías tus caderas cómo llegabas hasta el fondo, haciendo que me volviera loca una y otra vez...

Entonces, cuando ya no podía acabar de lo excitada que me tenías, subí mis caderas y dejé que gentilmente salieras, pues yo quería más, quería algo que ni tu te imaginabas...

Me volví a acomodar sobre ti, pero esta vez comencé a dejarme caer de tal forma que tu miembro comenzó a penetrarme por atrás, despacio, muy despacio primero, luego más adentro y más allá también sintiéndote dentro de mí por atrás, como pocas veces lo había sentido... la sensación mezcla de dolor y placer me hizo gritar y preguntaste si estaba bien, te respondí que sí, que me gustaba a pesar del dolor... como algo que sabes no debes hacer, pero que haces igual.

Luego me pusiste de lado, tu mano derecha bajo mi cuello alcanzando uno de mis pezones, mientras me penetrabas así, de lado, con ganas, firme y fuerte, a un ritmo desenfrenado que me hacía levantar la pierna para que pudieras llegar más adentro, con tu mano izquierda jugabas con mi clítoris que llegaba a doler de lo hinchado que lo tenías. Una y otra vez entrabas y salías, de pronto lento, de pronto más rápido... a veces salías por completo para volver a penetrarme en forma salvaje, mi mano acompañaba a la tuya en su excitante jugarreta con mi clítoris, hasta que te di las gracias con repetidos orgasmos mientras eyaculábas fuera de mí, sobre mi muslo.

La mañana ya comenzaba a despintar y tuvimos que salir corriendo a nuestras casas para que tu mujer no se diera cuenta de tu infidelidad.